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7 de abril de 2013

LA LUNA DEL VATICANO ES DE MIEL… DE MOMENTO


Por: Leonardo de Chirico*

La luna de miel es ese tiempo especial cuando dos recién casados viven su relación sentimental formalizada, o sea, un tiempo romántico y encantador. Durante este tiempo, cada miembro de la pareja únicamente percibe y realza los mejores rasgos del amado, pero no ve los defectos.

Las lunas de miel, por lo general, duran un corto período de tiempo al que le siguen unas apreciaciones más realistas y críticas con el otro.

Es interesante observar es lo que ocurre en la vida pública. En nuestra cultura de famosos, las lunas de miel con figuras globales acostumbran a ser frecuentes y apasionadas. Una vez que una persona es elegida para un cargo importante, la opinión pública tiende a empezar un “affaire” con la nueva y poderosa figura, seleccionando y alabando todos sus méritos y pasando por alto el resto de aspectos menos positivos, al menos al principio.

Esto es lo que está sucediendo con el Papa Francisco después de su elección al papado. Está produciéndose una luna de miel global. Entre las múltiples facetas de la misma (p. e., en círculos católicos internos o en círculos ecuménicos), hay dos puntos de vista primordiales que son dignos de consideración.

LA LUNA DE MIEL SECULAR

Los comentarios de la prensa internacional han sido muy generosos, por no decir entusiastas, hasta ahora.

La imagen de Francisco se percibió como “real”, “con los pies en el suelo”, “personal”, “humilde”; algo muy diferente con la regia arrogancia de los papas más tradicionales.

Sus referencias al cuidado del medio ambiente, la pobreza y la ternura fueron sumamente alabadas y entendidas como muy políticamente correctas. Su insistencia en “la misericordia” se comprendió como una puerta abierta a los diferentes estilos de vida sexuales y a las elecciones morales, alejándose de una actitud crítica por parte de la iglesia. Su disposición a mezclarse entre la gente y su comportamiento relajado por lo que al protocolo se refiere, se consideraron como pruebas de su deseo de identificarse con las personas normales y de vida corriente.

La prensa internacional decidió evitar y considerar irrelevante la relación del Cardenal Bergoglio con el pasado político argentino. No se efectuó ninguna investigación adicional concerniente a los “oscuros” años de los regímenes totalitarios y al papel de la Iglesia Católica en la América Latina.

Su fuerte postura contra los matrimonios homosexuales en su país se olvidó. Sus posiciones más bien conservadoras en los temas morales, sencillamente se pasaron por alto.

A diferencia de su predecesor, que era un teólogo público con varios libros editados, el Papa Bergoglio no tiene ningún récord de ser un “maitre-à-penser” católico.

Las personas que conocen a todo su “staff” dicen que el Papa Francisco está en la misma página que Benedicto XVI en lo que se refiere a defender la tradicional posición de la Iglesia Católica en estas áreas. A pesar de todo, la prensa secular se enamoró de Francisco.

¿Por qué?

Puede que exista una explicación sociológica a este problema. En este tiempo marcado por una crisis social, una ruptura cultural y una incertidumbre económica, la gente está ansiosa por encontrar a alguien que le inspire confianza y le infunda esperanza.

Alguien que sea poderoso pero que, no obstante, dé la impresión que está en el mismo barco que nosotros. Una figura paternal positiva que pueda hablar palabras sencillas de amor y repartir caricias psicológicas.

Alguien que pueda identificarse con la gente, enviando el mensaje de “Yo estoy con vosotros”, luchando con los mismos retos y ayudando a todos a superarlos. Un “mesías” seglar que proclama un “evangelio suave” de compasión y capacidad de recuperación.

En sus primeros días como Papa, el Papa Francisco ha cumplido con las expectativas; al mundo laico le disgusta enormemente “la” Iglesia pero ama al papa célebre. ¿Qué va a pasar cuando empiece a pronunciar las “duras” palabras de la Iglesia Católica? La ironía de todo esto es que el cínico, suspicaz y desencantado mundo moderno fue re-encantado por un hombre que usa el nombre de un santo profundamente religioso, medieval y primitivo.

LA LUNA DE MIEL EVANGÉLICA

Los comentarios procedentes del mundo evangélico también estuvieron marcados por la actitud de luna de miel. Las declaraciones oficiales y las redes sociales emitieron reacciones entusiásticas tras su elección. “Hombre de Dios”, “amigo de Jesús”, “hombre de oración” … fueron algunos de los comentarios más comunes.

Francisco también fue aclamado como el nuevo héroe nacional o incluso continental del que sentirse orgulloso, el nuevo Diego Armando Maradona (de mi generación) u otro Lionel Messi, es decir, un hombre que personifica las expectativas de una nación entera, alguien con quien el pueblo evangélico también desea identificarse.

Con el debido respeto, la idea de un hombre de Dios cristocéntrico orando a María y a los santos, inclinándose ante un icono y encomendándose él mismo y su auditorio al cuidado de María, es difícil de aceptar desde un punto de vista evangélico.

Y esto fue exactamente lo que el Papa Francisco hizo el primer día de su papado. Nadie niega la profunda espiritualidad de Francisco ni su piadosa devoción. El problema radica en el discernimiento evangélico que tiende a seleccionar unos pocos aspectos aparentemente positivos y olvida los negativos. El resultado es una imagen truncada en el mejor de los casos y una evaluación falsa en el peor de ellos.

El movimiento evangélico global no tiene celebridades que puedan compararse con las provenientes del mundo de la música, del deporte y de la política. El Papa Francisco aparentemente llena este vacío. A diferencia de su cerebral predecesor, sabe como hablar al corazón; sabe como abrazar a la gente.

Los comentarios evangélicos están en gran parte basados en anteriores relaciones personales con el antiguo Cardenal Bergoglio. Una vez más, nadie duda ni por un momento, de la integridad y de la cordialidad del papa, pero al hombre nunca puede separársele de su papel y su lealtad a su misión jesuita, la cual ahora también es papal.

La orden jesuita fue fundada en 1534 por Ignacio de Loyola y en su turbulenta historia siempre han estado comprometidos como “soldados” del Papa con el fin de luchar contra la herejía (protestante) y promover la misión católica en el mundo.

Francisco es el primer jesuita que llega a ser Papa y el tiempo dirá hasta que punto su papado será jesuítico, especialmente en América Latina donde la frontera evangélico-católica se está desplazando. ¿Será capaz el Papa Jesuita de detener la expansión evangélica? ¿Conseguirá llevar de vuelta a sus fieles al redil católico? ¿Podrá embelesar a los evangélicos con sus modales sin cambiar los puntos doctrinales que están en controversia? ¿Continuará siendo la doctrina bíblica un tema para los evangélicos cuando tratan con la Iglesia Católico Romana al más alto nivel?

Cualquiera que sea consciente de la historia debería considerar cuidadosamente estas cuestiones. Seguramente el Espíritu es capaz de obrar milagros incluso en las instituciones tradicionales, pero la Biblia nos advierte que no nos olvidemos de la historia. Las relaciones personales son importantes, pero el discernimiento bíblico es superior. Exige conciencia teológica, atención histórica y vigilancia espiritual.

La luna de miel con el Papa Francisco continúa. Sin embargo, el talante de la opinión pública puede cambiar de repente cuando la misión completa del Papa sea expuesta y visible de forma completa.

Lo que parecía ser un matrimonio prometedor puede convertirse en un doloroso divorcio.

En cuanto a los cristianos que están experimentando la luna de miel, será conveniente que no olviden la advertencia de Jesús de no dejar el “primer amor” (Apocalipsis 2:4) y que ésta sea un recordatorio constante de la necesidad de amar y seguir a Cristo y sólo a Cristo.



* Leonardo de Chirico es un teólogo evangélico italiano que es una de las mayores autoridades en Catolicismo Romano en la actualidad. Es vicepresidente de la Alianza Evangélica Italiana (AEI). Leonardo de Chirico (1967) inició y pastoreó una iglesia Bautista Reformada en Ferrara (en el norte de Italia) entre 1997 y 2007. Ahora está liderando un proyecto de implantación y desarrollo de nuevas iglesias en Roma. Además de su formación académica, como italiano, el autor conoce de primera mano lo que es y representa el catolicismo-romano, su influencia en los diferentes ámbitos sociales y políticos y también su trato y consideración hacia otras minorías religiosas, como la evangélica, en un país en el que es no sólo la creencia mayoritaria, sino que es centro del Catolicismo con sede en el Estado Vaticano.

30 de diciembre de 2012

PORQUE UN NIÑO NOS ES NACIDO


Por: Dr. Antonio Bolainez*

“Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuera empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. También José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Aconteció que estando ellos allí se le cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón."
Lucas 2:1-7.

INTRODUCCIÓN

En esta reflexión, no quiero tratar sobre si nació o no nació Jesús en estas fechas, creo que no valdría la pena discutir ese tema ahora, solo quiero comentar sobre el más grande nacimiento que sucedió hace dos mil años.

El nacimiento de este personaje, indiscutiblemente vino a ser la esperanza más grande que el mundo jamás había experimentado. Desde su nacimiento, este personaje fue de impacto para los humildes y desposeídos, y un terrible miedo para los malvados.

Analizaremos todos los puntos que dieron lugar a esta preciosa historia, jamás antes contada a todos los pueblos. Partiendo desde la sencillez de sus padres, hasta su presentación al templo.

Para ello tomaremos todo el capitulo del evangelio de Lucas, un medico, es decir, un intelectual quien nos narra con asombroso detalles los eventos que siguieron al nacimiento de este precioso personaje.

SU NACIMIENTO

Miriam (nombre hebreo), popularmente conocida como María, en definitiva era hija de una familia descendiente de la tribu de Judá y oriunda de Belén. José con quien estaba desposada, o comprometida —ya que dice la historia, que él no conoció a María en el sentido de marido, sino hasta después de que Jesús nació— de quien se sabe tenía el oficio de carpintero, también era de la tribu de Judá y originario de Belén.

Ambos vivian en Galilea. No olvidemos que Galilea es considerada desde los tiempos del Señor, como una región de grandes oportunidades de trabajo, en especial la agricultura, y como región próspera por ende también la construcción. De modo que no era extraño que los padres de María estuvieran viviendo en Galilea a pesar de ser de Belén de Judea; y lo mismo sucedió con José.

Una vez que a María se le había anunciado, por el ángel Gabriel, el milagro de la concepción por medio del Espíritu Santo, y de la misma manera, Gabriel también había anunciado a José lo que había pasado con María, él tomo con profunda fe, la misión y el privilegio de ser ellos los que tendrían la tutela del más grande personaje de la historia.

Maria es visitada por el ángel Gabriel.

Hay un dicho que su servidor siempre acostumbre citar, y que ha sido titulo de estudios y libros: “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”; y en esta historia en particular cobra gran relevancia.

Sirenio, el entonces y dos veces gobernador de Siria y Judea, ejecutó un edicto proveniente de César Augusto, para que se realizara un censo. Este censo debía cumplirse estrictamente, pues era una orden directa del Emperador. El no hacerlo implicaba la muerte.

El Censo tenia que incluir específicamente a todos los hombres y mujeres mayores de 12 años, para que le pudieran dar tributo al César. Las personas tenían que acudir al lugar de su nacimiento. De esta forma José y María, emprendieron el camino hacia Belén. Sin darse cuenta ellos, iban en camino para que se cumpliese la profecía hecho por el profeta Miqueas (5:2).

José y Maria de camino a Belén para ser censados.

De modo que nada sucedió por casualidad. El mismo Sirenio y el César, si darse cuenta, estaba cumpliendo un propósito de Dios. Aunque el impío nunca se dé cuenta, queda una vez más probada la gran soberanía del Altísimo Dios Todo Poderoso.

SU ANUNCIO CON HUMILDES PASTORES

Estando José y María en Belén, le llego a María el momento de su alumbramiento, Belén estaba como era de esperar completamente lleno, con todos sus nativos quienes había regresado de distintas partes de la región para cumplir con el mandato del César. De modo que no había lugar en el que, en ese momento de emergencia, pudieran brindar una posada a José.

Nacimiento del Señor Jesús.

Una persona, dueño de una posada, le ofrece sencillamente un lugar en un tipo de cueva donde generalmente se ponían algunos animales domésticos, como ovejas o el burro, principal medio de transporte para la gente sencilla en aquel entonces.

En este lugar humilde, nace el niño que vendría ser más tarde, y para todos los tiempos, el hombre más admirable.

Su nacimiento no fue anunciado a los poderosos de Israel, ni siquiera a la prestigiosa clase religiosa, y mucho menos al malvado rey Herodes; un criminal y maniático, quien en sus locuras por mantener el poder, había ordenado la muerte hasta de algunos sus propios hijos y de su misma esposa.

Dios quiso que su nacimiento fuera anunciado a un grupo de humildes pastores. Generalmente estos pastores eran personas de muy bajos recursos económicos. Ellos sobrevivían de la crianza y cuidado de las ovejas. Eran expertos, conocedores del lugar, de modo que cuando el ángel les anuncia el precioso nacimiento, y les da instrucciones de que lo encontrarían en la ciudad de David, en un pesebre envuelto en pañales, ellos sabian a donde dirigirse.

Pastores rumbo a Belén.

Leamos esta parte linda de la historia:

"Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño Y se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: —No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!». Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: —Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho." Lucas 2:8-20.

Muchas de las cosas lindas que sucedieron en la vida del Señor tenian un significado. El que su primer anuncio de su nacimiento se le diera a unos humildes pastores, traía como recuerdo que en ese lugar, en el pasado, David había sido pastor, y también vino a demostrar que este niño sería el pastor de pastores de millones de almas de todos los tiempos.

Estos humildes pastores tuvieron el privilegio de ser los primeros en escuchar de boca del ángel, que este niño sería el Salvador de todas las almas. Mientras los religiosos y el pueblo en general esperaban a un gobernante como su libertador, estos humildes pastores se convirtieron en la primicia de haber conocido al deseado por el pueblo de Israel.

EN CUMPLIMIENTO DE LA LEY

"Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor, y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos." Lucas 2:21-24.

Cumplidos los ochos días del nacimiento sus padres lo llevaron al Templo para cumplir con el rito de la circuncisión; cumpliendo así el mandato del pacto entre el Altísimo y el Padre Abraham.

En ese momento en que el sacerdote iniciaba el proceso de la circuncisión se le preguntaba al padre, por el nombre que llevara el niño; esto es un derecho del padre judío; José dijo: Se llamara Yeshua (Jesús) esto significa: Jehová es Salvación.

No hay que olvidar que la mujer después de dar a luz, no podía ir a la purificación hasta después de siete días, cuando era hijo varón y catorce días cuando era mujer. Después permanecía en casa por treinta y tres días, para presentarse otra vez en el templo y presentar junto a su esposo la ofrenda del primogénito.

Jesús presentado en el templo.

María y José también cumplieron con este mandato, pues todo primogénito debe de ser consagrado al Señor y ser llamado santo. Se presentaba una ofrenda. Esas ofrendas, eran en tres categorías: un cordero, dos palomas o tórtolas, es decir pichoncitos. La del cordero casi siempre la daban las personas de clase media hacia arriba, los mas pobres daban la última ofrenda, María ofreció esta, esto demostraba su condición económica en esos momentos.

EL MENSAJE PROFETICO

"Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Ungido del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al Templo para hacer por él conforme al rito de la Ley, él lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. Los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: —Este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones." Lucas 2:25-35.

Ya el Señor había sido reconocido como Mesías y Salvador por los humildes pastores, ahora es el tiempo de ser reconocido por los profetas en este caso por un profeta y una profetisa: Simeón y Ana.

Este encuentro sucedió en el atrio de las mujeres, pues no hay que olvidar que a las mujeres no se les permitía entrar en el atrio del templo, esto era solo para los hombres. Las mujeres solo podían observar las liturgias por medio de ventanillas o un enrejado.

El templo era un lugar muy concurrido, al que llegaban judíos de muchas otras ciudades
y provincias para cumplir con las prácticas y mandatos de la ley de Moises.

Es notorio que en ese encuentro de Simeón y Ana con el Señor, estaba lleno de mujeres que también llegaban para cumplir con sus ritos.

Simeón, representa al remanente fiel del pueblo de Israel, un remanente que siempre estuvo esperando el advenimiento del Mesías y con ello el consuelo del Señor. Isaías 40:1-2 y 49:13.

Su larga espera del Mesías demuestra la ancianidad de Simeón. Era un hombre sencillo y se le menciona tres lindas cualidades: Justo, piadoso y reverente.

Preciosas cualidades de un siervo del Señor, pero lo que más destaca de él, es su impresionante perseverancia en ser vigilante. Él nunca perdió esa esperanza, él estaba seguro de no cerrar sus ojos, hasta no ver la promesa del Mesías. Esto nos debe de dar una gran lección a nosotros hoy en día, ya que en estos momentos hay miles de ministros, que como no vino el Señor en la hora en que ellos lo esperaban, se desanimaron y empezaron a negar la inminente segunda venida del Señor.

Se menciona también que el Espíritu Santo estaba sobre él. Ese era el premio para un hombre justo, temeroso, y vigilante. Dios siempre honra de forma preciosa a los siervos que esperan con fidelidad el advenimiento del Señor. Ellos reciben la guianza preciosa del Señor en forma muy privilegiada. Simeón recibe el gran privilegio que muchos profetas del Antiguo Testamento hubieran deseado tener, el haber cargado en sus brazos al Salvador del mundo, en otras palabras, ver a Cristo cara cara.

Tres veces Lucas menciona la actividad del Espíritu sobre Simeón (ver Lucas 2:25–27). El Espíritu lo llenó (lo capacitó para profetizar), le reveló la llegada del Mesías, y finalmente lo impulsó para asistir al templo en el momento preciso en que los padres de Jesús asistieron para presentar al bebé. Lucas presenta al Espíritu Santo como el agente de la misión; le apasiona mostrar cómo es que actúa el Espíritu de Dios en la historia y en la vida personal. Simeón tomó en sus brazos al bebé Jesús, bendijo a Dios y profirió uno de los más preciosos cánticos. En él se refleja la piedad veterotestamentaria (compare Génesis 46:30; Isaias 42:6; 49:6).

El cántico de Simeón… tiene básicamente dos partes: en la primera Simeón enfatiza la acción pastoral de Dios sobre él; y en la segunda; la acción salvífica de Dios sobre la historia. Simeón se autodefine como siervo, esclavo (dóulos) y reconoce al Señor como su dueño (despótes), o Soberano (comp. Hechos 4:24). Confiesa que según lo que se le ha dicho (conforme a tu palabra [réma]), es tiempo de partir a la eternidad en paz. Despide significa “dejas partir hacia el sepulcro”. Y la única razón de ese abandono eterno de Simeón es "porque han visto mis ojos tu salvación".

Simeón vió en aquel pequeño al Salvador del mundo,
al Buen Pastor que da su vida por la ovejas.

Es precioso que Simeón no ve tanto un bebé de carne y hueso, lo que él destaca y trasciende es el gran misterio de la salvación de Dios. Lo que él “ve” es la salvación de Dios (compare 1 Juan 1:1-3). Simeón evidencia aquí la dimensión personal de la salvación. Cada ser humano tiene la oportunidad, ahora, de ver lo que Simeón vio, pero con los ojos de la fe.

TRES DECLARACIONES CONTUNDENTES DE SIMEÓN

"Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel." Lucas 2:29-32.

Simeón, destaca tres cosas muy especiales, y analizaremos cada una de ellas: Que esta salvación ha sido preparada para todos los pueblos del mundo, desde el principio mismo de la caída del primer Adán, Génesis 3:15. Simeón tenia en sus brazos al niño que cumpliría la gran profecía de la salvación de toda la humanidad, como dije esto era un privilegio que todos los profetas antecesores de Simeón hubieran deseado tener, en especial Isaías quien hizo las más lindas profecías del nacimiento del Señor Jesús. Isaías 9:6.

Este niño sería la Luz de todas las naciones, incluyendo a todas las etnias de la tierra. Aquí Simeón declara por medio del Espíritu Santo que la salvación no es monopolio de nuestro pueblo de Israel, sino que es ofrecida con los mismos derechos de igualdad para todos los gentiles. Esto mismo declaro Pablo en su carta a los romanos. Romanos 9:23-24.

En Jesús hay salvación para todo aquél que cree en Él.

La salvación de Dios, es “gloria del pueblo de Israel”, pues de este pueblo salió no solo la revelación de las sagradas escrituras, sino que de este Pueblo salió también la proclamación del evangelio a todas las naciones. No olviden que fueron los propios discípulos y los propios apóstoles del Señor incluyendo al rabino Pablo, los que expandieron el evangelio en el primer siglo a los continentes conocidos en esa época.

LA FINAL BENDICIÓN DE SIMEÓN

La bendición de Simeón, Lucas 2:33–35. Los padres humanos de Jesús se asombraban de todo lo que ocurría en torno al bebé Jesús (v. 33). Jesús fue motivo de asombro desde su concepción, porque era Emanuel, “Dios con nosotros”. Simeón, además del cántico, bendijo a José y a María, y además pronunció una palabra profética acerca del futuro de aquel bebé.

Se dirigió a María, señalando los propósitos del ministerio de Jesús (vv. 34, 35):

"Para caída… de muchos en Israel". Se refiere a que no todos creerían en él. Es más, aquellos de quienes se esperaría una fe genuina y sin ambages, no creerían (fariseos, sacerdotes, miembros del Sanedrín, entre otros).

"...para levantamiento de muchos en Israel", esto es, aquellos que no obstante de su condición de marginalidad, serían los que irían delante al reino de los cielos, por haber creído en Jesús.

Para ser una "señal que será contradicha". Algunos eruditos piensan que se refería a la profecía de Isaías 8:14, 15. Seria bueno que lo lean y saquen sus propias conclusiones, pues no olviden que hasta el día de hoy, muchos del mismo pueblo del Señor todavía no creen.

Jesús fue rechazado por su mismo pueblo, y entregado para ser crucificado.

Lo que queda demostrado, que ante él, Jesús, todas las personas tendrán que tomar su propia determinación, recibirle como Salvador garantiza la vida eterna después de la muerte, rechazarlo implica la muerte eterna. Juan 3:16-21.

El no vino solo para ser salvador, sino para ser reconocido como Señor y como tal debe de ser reconocido en todo el mundo. Romanos 10:9-10. Permítanme compartirles este pasaje de la carta a los Romanos:

"...si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación." Romanos 10:9-10.

José y Maria estaban maravillados:

"José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. Los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: —Éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones." Lucas 2:33-35.

Finalmente, Simeón declara una triste verdad para María. José entra en una especie de anonimato, pues él moriría posiblemente antes del ministerio de Jesús.

La espada se refiere a la trágica muerte de Jesús. Probablemente María no logró captar toda la dimensión de las palabras de Simeón, pero seguramente las entendió después de la resurrección de Jesús. La vida de Jesús estaba destinada a ser demasiado corta, como para disfrutar y asegurar mucho más el sentido de familia.

Nota: Según la tradición histórica, José habría muerto cuando Jesús era un joven, al ser el Señor Jesús el mayor de todos sus hermanos, estuvo al frente de toda su familia, como era costumbre en esa época, él estuvo a cargo de sus hermanos, hasta que él se lanzo a su ministerio público a los 30 años de edad. Es probable que para ese entonces sus hermanos ya eran adultos, lo que si sabe es que María su madre, se unió a su hijo en la lista de las mujeres que le siguieron; de esto existen pasajes en los evangelios que lo prueban.

LA DECLARACIÓN DE ANA LA PROFETISA

"Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada. Había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del Templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén." Lucas 2:36-38.

Ana, era una anciana que posiblemente pasaba de los cien años. También profetiza, la cual no se apartaba del templo, esto quiere decir, que ella acudía todos los días desde su viudez al templo, para orar y bendecir a las jóvenes judías que acudían al templo.

Profetisa Ana.

Una vez más el evangelista Lucas resalta, el momento preciso del encuentro de Ana con José, María y el niño Jesús en el templo, al igual que sucedió con Simeón, el versículo 38, dice: “Esta, presentándose en la misma hora.”

En el Señor las cosas no suceden por casualidad, en este caso el Espíritu Santo guió a aquella anciana viuda, que todos esos largos años había estado esperando el bendito cumplimiento de la promesa del Mesías, ahora fue guida en la misma hora en que María y José estaban en el atrio de las mujeres.

En ese mismo momento en que se encuentra con José, María y el niño, ella, como profetiza, da cuenta de la grandeza del niño, y de inmediato da gracias al Señor reconociendo al niño Jesús, como el glorioso Mesías esperado por todo el pueblo.

La mayoría ese día no se percataron de la presencia de aquel niño que esa mañana se había presentado en el templo. Porque generalmente eran muchos los niños que se presentaban cada día en le templo para pagar el voto de primogénito. Reconocer quien era aquél niño, solo podía ser con la ayuda del Espíritu Santo, tal como sucedió con Simeón y Ana.

Con la bendición de Ana, hacia José y María y el reconocimiento hacia el Señor Jesús, como el Salvador que había estado esperando, queda una vez más confirmado, el papel importante de la mujer en la gran misión de la expansión del evangelio.

CONCLUSIÓN

No cabe duda de que el precioso nacimiento del Señor Jesús, estuvo siempre rodeado de sorpresas y de grandes ofrendas de alabanzas y gratitud. Su deidad queda confirmada desde su mismo nacimiento.

No tenemos certeza de la fecha fija del día en que el nació, aunque si sabemos por las declaraciones de Flavio Josefo, el famoso historiador judío, que eso sucedió unos meses antes del mes de marzo. Pero como dije, este articulo no lo he escrito para hablar de eso, creo que lo más importante es resaltar este gran acontecimiento y debemos aprovechar estos días, no para discutir si nació o no nació en tal o cual fecha, sino para compartir con gente inconversa la más grande historia que muy pocas veces es contada.

No perdamos el tiempo en las redes sociales para estar dando argumentos a quienes no les interesa la verdadera historia del Señor Jesús, y que a la postre nos hace ver como simples fanáticos. Más bien aprovechemos estos días para dar a conocer el nacimiento de este precioso Jesús, con todas las maravillas ocurridas en ese gran evento, que brevemente hemos narrado en este corto articulo.

Me hubiera gustado seguir analizando lo que siguió después del templo, como la preciosa visita de los tres sabios del oriente, con su significado, porque aun esto fue parte de las grandes profecías, lo mismo sobre su última aparición en el templo como niño, cuando cumplió trece años. Pero por ahora solo quiero dejarles esta corta reflexión de lo que fue este lindo nacimiento del Señor Jesús.

Que al Altísimo Dios Todo Poderoso le bendiga.

Shalom.

Antonio Bolainez.


Nota: La Biblia usada fue, la versión Reina Valera del 95, y la bibliografía, fue la Enciclopedia electrónica Logos.




* El doctor Antonio Bolainez es un reconocido escatólogo (estudioso de las profecías del final de los tiempos), dirige el Ministerio Evangélico Cristiano Internacional "Bolainez Ministries Inc." y radica en Texas, USA. Dios ha permitido a este Ministerio viajar por el mundo, compartiendo las Sagradas Escrituras, las buenas nuevas de nuestro Señor Jesucristo y las advertencias proféticas de los últimos días.


Sitio Web de Bolainez Ministries Inc. (Dr. Antonio Bolainez):

www.bolainez.org

MULTIMEDIA:

Escuche el último programa radial de "El Mundo Actual", que dirige el Dr. Antonio Bolainez, desde Texas, Estados Unidos de América, haciendo click aquí o sobre las imágenes:



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15 de noviembre de 2008

LAS 95 TESIS DE MARTÍN LUTERO



Por: R. P. Martín Lutero

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.

2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.

3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.

4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.

6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.

7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.

8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.

9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.

10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.

11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parece por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.

12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.

13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.

14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menor sean aquéllas.

15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.

16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi desesperación y al seguridad de la salvación.

17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.

18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.

19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.

20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.

21. En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.

22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.

23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.

24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.

25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.

26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.

27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.

28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.

29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.

30. Nadie está seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.

31. Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.

32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.

33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.

34. Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.

35. Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confessionalia.

36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.

37. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.

38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.

39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.

40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.

41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.

42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.

43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.

44. Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cambio, no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.

45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.

46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes superfluos, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.

47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.

48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.

49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.

50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.

51. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.

52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.

53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.

54. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.

55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante) deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.

56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.

57. Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.

58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.

59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el término en el sentido de su época.

60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.

61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.

62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.

64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.

65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.

66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.

67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.

68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.

69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.

70. Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.

71. Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.

72. Mas quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.

73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.

74. Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.

75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.

76. Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en concierne a la culpa.

77. Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.

78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª de Corintios 12.

79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.

80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.

81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.

82. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones si él redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?

83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?

84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por que no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?

85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?

86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?

87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y qué participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?

88. Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?

89. Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?

90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.

91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del Papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.

92. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: "Paz, paz"; y no hay paz.

93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz.

94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.

95. Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

Wittenberg, 31 de octubre de 1517.

VIDEO:

Vea un video donde se aprecia ese memorable hecho histórico cuando Martín Lutero clava las 95 tesis contra las indulgencias (documentos que certifican el perdón de los pecados por una suma de dinero) que Juan Tetzel vendía en Alemania por orden del Papa León X para construir la Basílica de San Pedro en Roma.

Película ”LUTERO”: Martín Lutero clava las 95 tesis contra la venta de las indulgencias católicas.

8 de noviembre de 2008

HISTORIA DEL HIMNO LEMA DE LA REFORMA: "CASTILLO FUERTE ES NUESTRO DIOS"



Por: Mónica Tapia Erazo*

Martín Lutero, el líder de la Reforma Evangélica o Protestante, escribió la letra y la música del famoso himno "Castillo Fuerte es Nuestro Dios", que se constituyó en el Himno Lema de la Reforma.

Lutero era músico desde la cuna. Como niño tenía una voz esplendorosa para cantar. Su entretenimiento favorito era tomar su laúd (instrumento de cuerda) todos los días después de haber comido y apartarse por media hora para tocar y cantar."

Mientras él estaba estudiando en una escuela del Monasterio Franciscano siendo muy joven, muchas veces usó su magnífica voz para cantar frente a las ventanas de los ricos de aquella época con el fin de obtener limosnas y poder dárselas a los pobres. Lutero exclamaba: "A quien no le guste la música, nunca podrá ser mi amigo."

El dijo que la música era un "don (regalo de Dios) y una gracia de Dios y esto podía hacer huir a Satanás y hacer que el hombre olvidara todo enojo". Su deseo era componer himnos para que el mensaje de Dios fuese propagado por medio del canto. El deseaba que todos sus compatriotas tuviesen himnos y leyesen la Biblia en su propia lengua. Al leer la Biblia oirían la voz de Dios y al cantar himnos, ellos hablarían con Dios.

Antes de Martín Lutero, la música era usada solamente por los sacerdotes de las iglesias o coros selectos en latín. Pero el gran Reformador introdujo al mundo la himnología congregacional. El primer himnario evangélico o protestante fue publicado en Wittenberg, Alemania, en 1524. Este libro tenía tan sólo 8 himnos, 4 de ellos escritos por Martín Lutero.

En poco tiempo la demanda de este libro fue grande. La gente aprendió y cantó los himnos con mucho entusiasmo y Alemania llegó a ser un "mar de cantos". En esta forma, Martín Lutero vino a ser aceptado y reconocido como el padre de la himnología congregacional.

Es rara la vez que se encuentra un individuo como Lutero que escriba la música y la letra de sus himnos inspirados. De sus 37 himnos, el más conocido es "Castillo Fuerte es Nuestro Dios". Tiene un mensaje que posee virtud, gracia y eficacia, toda la Iglesia Evangélica o Protestante lo ha cantado desde esa fecha hasta hoy día.

Mientras Lutero vivía, sus enemigos decían que toda Alemania estaba aceptando y aprendiendo sus doctrinas por medio de sus himnos. Acusaban a los himnos de ser los que "destruían más almas que aun los libros o sermones escritos por él".

Se cree que fue durante el cautiverio en el castillo de Wartburgo que Lutero se inspiro y escribió este hermoso himno. Sus amigos lo llevaron y le escondieron en la fortaleza de Wartburgo para protegerlo de sus enemigos.

Lutero, seguía con la traducción de Los Salmos y compuso un tomo de sermones y una multitud de otros escritos. Por casi un año exhortaba, enseñaba, reprendía y tronaba desde un escondite en las montañas. Posiblemente encontró en aquel castillo un lugar de seguridad y ayuda, lo que le inspiró a escribir y a reflexionar en la seguridad y ayuda que Dios era para él.

Este himno entrega un mensaje de seguridad en tiempos de prueba por parte del enemigo de nuestra almas y es de gran aliento para aquellos trances difíciles de la vida.

Martín Lutero se inspiró en el salmo 46 para escribir el himno clásico de la Reforma Evangélica o Protestante “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.

He aquí la letra de este himno según la traducción española del poeta y eclesiástico Juan Bautista Cabrera:
Letra:
1. Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo.
Con su poder nos librará en este trance agudo.
Con furia y con afán acósanos Satán;
por armas deja ver astucia y gran poder;
cual él no hay en la tierra.

2. Nuestro valor es nada aquí, con él todo es perdido.
Más por nosotros pugnará de Dios el Escogido.
¿Sabéis quién es? Jesús,
Él que venció en la cruz, Señor de Sabaoth,
Y, pues Él sólo es Dios, Él triunfa en la batalla.

3. Aunque estén demonios mil prontos a devorarnos,
no temeremos, porque Dios sabrá aun prosperarnos.
Que muestre su vigor Satán y su furor
Dañarnos no podrá pues condenado
es ya por la Palabra santa.

* Tomado del sitio web del Ministerio Radial “Cristo es tu Ruta” de la República de Chile.
VIDEOS:

Escuche el Himno Lema de la Reforma en tres idiomas diferentes: español, alemán e inglés.

a) Himno "Castillo Fuerte es Nuestro Dios" (español):





b) Himno "Ein feste Burg ist unser Gott" (alemán):



c) Himno: "A Mighty Fortress is our God" (inglés):

7 de noviembre de 2008

VIDA Y OBRA DEL GRAN REFORMADOR MARTÍN LUTERO



Por: Pablo Burguess*

Mientras Savonarola, en el centro del mundo civilizado, batallaba por la pureza de la moral y creencias cristianas, crecía en las selvas teutónicas un niño que más tarde había de realizar el sueño de este y llevar a cabo la obra colosal de la reforma del Cristianismo. Se llamaba Martín Lutero. Nació cerca de Eisennach, Alemania, en 1483 de padres de humilde condición, que sin embargo se empeñaron por la educación de su hijo. Acabados los estudios elementales en su pueblo, pasó un año en una escuela de Magdeburgo y después fue a Eisennach a un colegio de los franciscanos. La pobreza de sus padres le obligaba a vivir como «estudiante pobre» es decir, recibiendo albergue libre y pidiendo limosnas a los ricos. En Eisennach encontró protección en la familia Cotta, que se interesó por él hasta el punto de ofrecerle un hogar en su casa.

En el año 1501, Lutero estaba listo a entrar en la Universidad de Erfurt, centro entonces de la vida intelectual de Alemania. Su padre había prosperado en su oficio de minero y resolvió hacer de Martín, su hijo, un abogado.

Progresaba en sus estudios hasta el año 1505, cuando repentinamente, dejó la carrera de la abogacía para entrar en el monasterio de los agustinos en Erfurt. Hay varias leyendas que explican este cambio inesperado, pero lo único que sabemos de los escritos de Lutero mismo, es que ciertas «dudas» respecto al estado de su alma le impulsaron a tomar los votos monásticos. Estas dudas le atormentaban aún después de entrar en el convento. Se sentía pecador y anhelaba el perdón de Dios. No encontraba lo que su alma deseaba en las costumbres y prácticas monásticas, a pesar de cansar a sus superiores con sus continuas confesiones y de castigar su cuerpo con un ascetismo riguroso.

Desengañado de estas cosas se dedicó a un estudio de las Sagradas Escrituras, una copia de las cuales había encontrado encadenada a un pilar de la biblioteca de la universidad. De estas y de las explicaciones de un anciano hermano del monasterio llegó a entender que el perdón de Dios no se alcanza por las penitencias y «buenas obras», sino simplemente por aceptar el perdón que su amor ha previsto.

Así, después de dos años de lucha, su alma encontró la paz que anhelaba.

Más o menos, en el año 1510, sus superiores mandaron a Lutero a Roma, para desempeñar allí una comisión del convento. El había esperado encontrar en el sumo pontífice y su corte, modales de la vida cristiana, y quedó sorprendido y horrorizado al contemplar la corrupción que existía en los lugares que él creía verdaderamente santos. Sin embargo, consideró necesario seguir las costumbres de los peregrinos a Roma, y así, entre otras cosas, subió la «escalera santa» (que se cree trasportada por manos de ángeles de Jerusalén a Roma) de rodillas y diciendo un Padrenuestro en cada escalón. Repentinamente recordó la declaración del profeta Habacuc, citado después por el apóstol Pablo: «El justo vivirá por su fe» y le ocurrió que todas aquellas penitencias y todos estos rezos forzados, no valían absolutamente nada.

Sin embargo no pensó de sí sino como fiel hijo de la Iglesia Romana, y al regresar a su convento en 1512, recibió el título de Doctor de la Sagrada Escritura en su universidad de Erfurt, y aceptó el profesorado de teología en la recién fundada y pequeña universidad de Wittenberg. Al principio de su actividad como profesor, Lutero enseñaba la misma teología que había aprendido en Erfurt. La única diferencia entre él y los demás profesores, era de que él basaba los dogmas en la experiencia más bien que en principios filosóficos o autoridad del Papa o de la Iglesia. Pero poco a poco vino a entender que era imposible reconciliar sus principios con los de la teología antigua. Así pasaron cinco años.

En 1517 llegó cerca de Wittenberg, un fraile llamado Juan Tetzel recogiendo dinero para acabar la construcción de la iglesia de San Pedro en Roma, dando indulgencias en cambio, con autorización del mismo Papa y del arzobispo de Mainz. Tetzel afirmaba que cada vez que se oía sonar el dinero al caer en la caja de recaudación, se libraba un alma del purgatorio. El pueblo entendió que se compraba no solo el perdón de los pecados pasados sino aún el derecho de pecar durante unos días futuros, doctrina que soltó todos los lazos de la moralidad.

Lutero conoció el desastroso efecto de la venta de las indulgencias por medio del confesionario e indignado escribió sus famosas 95 tesis, clavando lo escrito en las puertas de la iglesia del Castillo de Wittenberg el día antes del «de Todos los Santos», 31 de octubre, para que fueran leídas por los que llegaran a la celebración de este día.

En estas tesis sostuvo que el Papa no puede absolver sino de los castigos que el mismo hubiera impuesto, y que estos no se extienden más allá de la muerte; que la absolución se debe a todos los penitentes y que ésta no es indispensable. Más valen las obras de piedad y de misericordia. Pregunta porqué el Papa no libra a todas las almas de una vez del purgatorio, si es que de veras tiene este poder, movido de compasión por sus sufrimientos, en lugar de sacarlas poco a poco por dinero. Estas tesis luego precipitaban una gran discusión que aumentó en intensidad durante unos tres años. En este tiempo Lutero se alejaba paulatinamente del dogma católico-romano mientras su comprensión de las grandes verdades evangélicas se aclaraba cada vez más. Vino a reconocer como verdaderos cristianos a algunos como Wycliffe y Huss que la Iglesia había condenado por herejes y aún llegó al extremo de criticar severamente unas resoluciones de papas y concilios alegando que estos como humanos podían errar. Llegó a basarse en las Sagradas Escrituras y en la razón convincente como las únicas autoridades reconocidas por él.

El Papa después de tres años de discusión, vio que no era posible convencer a Lutero y pensó hacerle callar por la fuerza una vez que no había logrado hacerlo por sus argumentos. En 1520 lanzó al mundo la bula de excomunión condenando 41 de las tesis de Lutero y ordenando a todos los magistrados que si no se retractaba dentro de sesenta días, que le prendieran y le entregaran a Roma.

Durante los tres años de discusión grandes masas del pueblo y muchos de los príncipes alemanes habían reconocido en Lutero a aquel que podía salvarles del yugo y de la corrupción de Roma. As¡ no tenía él porque temer. Publicó un folleto contestando lo que él llamaba «la bula del anticristo» y el 10 de Diciembre de 1520, en la plaza principal de Wittenberg, ante una asamblea compuesta de profesores de la universidad, estudiantes y otras muchas personas, quemó la bula con el libro de la ley canóniga y otros libros romanistas.

Por este tiempo después de muchas negociaciones diplomáticas, fue aceptado como emperador de Alemania, el rey español, con el título de Carlos V. Era éste un joven monarca enérgico y desapasionado y algunas veces en esta época bastante transigente en cosas religiosas. Al subir al trono imperial vio con alarma que una gran parte de sus súbditos habían aceptado la doctrina de Lutero y que el Imperio estaba en graves dificultades con el Papa como consecuencia. En la esperanza de arreglar algo, intimó a Lutero a que compareciese ante la dieta de Worms, bajo su protección. Este obedeció y durante su viaje que hizo en un carro abierto de campesinos, fue predicando en todos los pueblos que halló a su paso, siendo recibido por grandes muchedumbres que se llenaron de entusiasmo por su causa. La víspera de su llegada a Worms un canciller del príncipe Federico, su amigo, le recordó el fin trágico de Juan Hus quien también había confiado en la palabra de honor de un emperador y sin embargo había sido quemado vivo. A esto contestó Lutero «Hus ha sido quemado pero no la verdad con él. Iré aunque se dirigiesen contra mí tantos demonios como tejas hay en los tejados.»

Al llegar a Worms se presentó ante la dieta, compuesta por el mismo emperador y sus ministros, altos prelados, sacerdotes, nobles y príncipes del imperio y doctores de las universidades. Le mostraron sus libros y le preguntaron si los reconocía como de su propiedad. A esta pregunta les contestó que sí. En seguida le leyeron algunos pasajes de estos mismos libros y le preguntaron si se retractaba de lo escrito. La presencia de tantas altas personalidades en la asamblea, hizo desfallecer un tanto el carácter enérgico de Lutero, quien al oír la tremenda pregunta que le hicieron, pidió un día de plazo para contestarla. Este día lo pasó en oración en su cuarto pidiendo que Dios le diera poder para confesar su error, si había error en él, o para mantenerse firme, si lo que había dicho era verdad. Al comparecer nuevamente ante el tribunal al día siguiente y al repetírsela la pregunta, contestó que no se retractaba mientras que no se probase con argumentos basados en las Sagradas Escrituras o en rigurosa lógica, que sus doctrinas eran falsas. Al exigirse una respuesta final y categórica, acerca de su retractación, dijo que su conciencia no le permitía retractarse. «Aquí estoy, no puedo obrar de otra manera, ampáreme Dios, Amén.»

Salió en seguida de la asamblea sin que fuese molestado y luego emprendió camino para Wittenberg bajo el mismo salvoconducto del emperador, mientras que este en consejo de ministros acordó ponerle bajo el bando del imperio. Mientras Lutero seguía su camino para Wittenberg se encontró con un escuadrón de caballeros que le apresaron y le llevaron a Wartburgo, castillo inexpugnable de la Turingia. Estos fueron de sus mismos partidarios que se valieron de este acto para ponerlo en seguridad. Allí pasó un año, tiempo que empleó en hacer una traducción del Nuevo Testamento al alemán.

Aún estando en Wartburgo, Lutero tuvo noticias de unos desórdenes promovidos por sus mismos partidarios, quienes en su celo por la Reforma habían empezado a romper imágenes y destruir altares. Al saber esto decidió salir del Wartburgo para ir a corregir estos desmanes y predicar una reforma más transigente. Manifestó su decisión a su ilustre huésped y este le hizo ver lo arriesgado de su empresa, pues estando bajo el bando del imperio era un deber de cada fiel súbdito del emperador matarlo. Lutero contestó que si cayera sería con Cristo y que él preferiría caer con Cristo que estar en pié con César. La salida no le fue impedida y con pocas predicaciones logró calmar los ánimos de los iconoclastas. El tiempo que siguió, lo empleó en escribir tratados en defensa de la fe evangélica. En menos de un año había escrito 183 folletos y obras religiosas.

Una de sus principales controversias fue contra Enrique VIII de Inglaterra, quien había escrito contra Lutero repitiendo las declaraciones de concilios y papas, sin ninguna solidez filosófica. Por esto él, que después se separó de la Iglesia Romana, recibió del Papa el título de «Defensor de la Fe». Lutero pulverizó todos sus argumentos y llegó al extremo de llamarle «un asno coronado».

Una lucha parecida sostuvo contra Erasmo. Este era uno de los más notables hombres de su época por su ilustración. También deseaba la Reforma de la Iglesia, pero no se atrevió a separarse de Roma. El Papa le obligó que atacara a Lutero, y lo hizo, dirigiéndose contra la doctrina luterana de la Predestinación. Pero era más bien una controversia de personalismos en que Lutero echó en cara a Erasmo su falta de sinceridad y Erasmo trató a Lutero de grosero y fanático campesino. Los príncipes alemanes fueron fieles a la Reforma y rehusaron entregar a Lutero al Papa, como este les exigía en 1522 y también en 1524.

En el año 1525 Lutero contrajo matrimonio con Catarina von Bohra, quien había sido monja y con otras varias había escapado de su convento y llegado a pedir la protección del iniciador de la Reforma.

Algunos historiadores aseguran que la separación de Lutero de la Iglesia Romana fue motivada por su deseo de casarse, deseo que no podía satisfacer como ministro de esta organización. Esta aseveración no puede ser más infundada. Hemos visto el desarrollo de circunstancias que causó su separación, culminando en su excomunión en 1520. No pensó en casarse sino hasta en el mismo año 1525 cuando la Reforma estaba bien establecida por una gran parte de Europa. Tomó esta resolución súbitamente, pensando que tal vez no iba a vivir mucho tiempo y que antes de morir deseaba dejar un ejemplo que hiciera patente que los pastores de la Iglesia no tienen ningún obstáculo para fundar hogares honradamente.

Este suceso, como es de suponerse, hizo aún más profundo el abismo que separaba la nueva Iglesia de Lutero de la antigua Romana. Muchos afirmaban que de este matrimonio de un fraile hereje con una monja renegada tenía que nacer el Anticristo.

Así como los campesinos ingleses en tiempos de Wycliffe se insurreccionaron contra la nobleza, rebelión debida aunque indirectamente, al espíritu de libertad y de justicia que las doctrinas evangélicas habían sembrado en el pueblo, asimismo en tiempo de Lutero los campesinos alemanes se levantaron contra sus príncipes. El gran reformador comprendió que si bien era cierto que aquel movimiento era justo, él no podía engendrar más que la anarquía del país, y por esto, en bien del mismo pueblo, se puso del lado de los príncipes, lanzando sus predicaciones a los rebeldes para que respetaran a las autoridades constituidas, y a éstas para que hicieran justicia. Pero no podía evitar una guerra amarga entre los príncipes y sus súbditos en la cual estos al fin perdieron.

Desde el edicto de Worms (1521) hasta el año 1555, la política del imperio alemán estuvo en una gran incertidumbre. El Emperador Carlos V mantuvo su residencia en España, y es muy natural que por esto no podía gobernar inteligentemente a un país tan lejano como lo es la nación teutónica. Aunque Carlos V es considerado como uno de los monarcas más católico-romanos de la historia, sin embargo la incertidumbre de su política respecto a la Iglesia llegó hasta el grado de apresar al mismo Sumo Pontífice, después de haber atacado a Roma por medio de un ejército que en su mayor parte se componía de luteranos.

En el año de 1529 se reunió en Espira una conferencia con el objeto de arreglar los asuntos religiosos que tan profundamente afectaban el imperio, y en ella se dispuso que en todos los lugares donde ya se había establecido la doctrina evangélica se diera libertad para que continuara, pero que en las regiones donde no se había establecido, se prohibiera en absoluto la propaganda anti-romanista. Los príncipes alemanes evangélicos protestaron contra esta disposición, y esta es la razón histórica por la cual se han denominado «Protestantes» a todos los partidarios de la nueva Iglesia.

La conferencia de Augsburgo en 1530, queriendo zanjar las dificultades que se habían suscitado entre ambos bandos religiosos, atizó más las desavenencias que habían entre ambos, dando lugar como resultado final, a una liga que se formó entre los príncipes protestantes contra la soberanía de Carlos V. A causa de esto comenzó una larga guerra entre este emperador y la alianza de los príncipes referidos.

Además de Alemania, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia e Inglaterra aceptaron la Reforma Evangélica iniciada por Lutero y la liga alemana ensayó a ensancharse en una liga de las naciones protestantes, y por esto se esforzaron para alcanzar una unidad doctrinal entre todos los partidarios de la Reforma.Desde dos años antes de que Lutero comenzara abiertamente su rebelión contra el poder de Roma había comenzado ya una Reforma independiente en la Suiza bajo la dirección de Zwinglio. Este movimiento no estaba en completo acuerdo con el que iba dirigido por Lutero, por tener algunas diferencias doctrinales, y por esto los príncipes interesados organizaron la conferencia de Marburgo entre Lutero y Zwinglio, como principales, juntamente con algunos de sus partidarios. La cuestión principal se refería a la doctrina de consubstanciación que defendía Lutero. Según este después de la bendición sacerdotal había en el pan y en el vino, además de sus propias sustancias, efectivamente el cuerpo y la sangre de Cristo. Zwinglio no quiso aceptar esta doctrina, bajo ningún concepto, y aseguraba que la Santa Cena no era más que una comida simbólica y recordatoria del sacrificio de Cristo.

Así, todos los esfuerzos de los príncipes para asegurar una unidad confesional entre los partidarios de la Reforma, fracasaron, pero los evangélicos no dejaron de pelear por sus derechos, junta y separadamente.

En el año 1546 murió Lutero. Los últimos años de su vida habían sido de cuidados y amarguras, pero su muerte fue la de un cristiano que como Pablo, había peleado la buena pelea, había guardado la fe y esperaba el galardón que el Señor, el justo juez, le daría en aquel día.

En el mismo año la guerra que estaba latente entre protestantes y católicos estalló en una realidad desconsoladora. Los protestantes perdieron primero y el emperador dictó leyes provisionales que no gustaron ni a los unos ni a los otros; pero en 1552 los protestantes ganaron una campaña contra el emperador, lo cual le obligó a convocar al fin la dieta de Augsburgo en 1555, en la cual se hizo la paz por la famosa sentencia: «Cujus regio ejius religio», lo cual quería decir que cada príncipe en el imperio alemán tenía que escoger entre el catolicismo y el protestantismo y que sus súbditos tenían que adoptar la religión de sus respectivos príncipes. Mientras esto pasaba en Alemania, Calvino estaba sentando la base de la forma calvinista del protestantismo, en Ginebra, ciudad que sirvió como centro para la propaganda reformista en Europa. La rebelión contra Roma, comenzada en Inglaterra en el reinado de Enrique VIII vino a ser bajo Eduardo VI un movimiento abiertamente protestante en sus doctrinas y prácticas.

En cuanto a Francia, la propaganda de la Reforma se desarrollaba, a pesar de las persecuciones rigurosas de que era objeto. En Italia y en España, también habían aparecido unos destellos de la nueva luz, pero pronto fueron apagados por la Iglesia, antes de que alcanzaran grandes proporciones.

Así pues, Lutero tuvo la dicha de ver a más de media Europa conmovida por la Reforma de que él había sido tan importante y elocuente medio; y el éxito alcanzado para la restauración de la verdad evangélica se debe, después de Dios, a su valor, fe y perseverancia.

* Tomado del libro "Los XX Siglos del Cristianismo" de Pablo Burgess, Editorial Clie, páginas 141-149.

VIDEO DOCUMENTAL DE MARTÍN LUTERO:

Vea un interesante documental, totalmente narrado en español y transmitido por 'The History Channel', para conocer la vida y la obra del gran Reformador alemán, en el siguiente enlace web:


Documental del Reformador Martín Lutero

31 DE OCTUBRE: “DÍA DE LA REFORMA EVANGÉLICA O PROTESTANTE”



El gran acontecimiento que despertó la atención del mundo a principios del siglo XVI fue la Reforma Evangélica o Protestante, que empezó el 31 de octubre de 1517 en Alemania, bajo la dirección de Martín Lutero, y se esparció por todo el norte de Europa, y que dio como resultado el surgimiento de las Iglesias Evangélicas que no debían fidelidad a la Iglesia Católica Romana.

El Papa reinante, León X, en virtud del hecho de que necesitaba grandes sumas de dinero para la terminación del templo de San Pedro en Roma, permitió a un agente llamado Juan Tetzel, que fuese por Alemania vendiendo certificados, firmados por el Papa, con virtud de conceder el perdón de todo pecado, no sólo de los poseedores del certificado, sino también de los amigos vivos o muertos en cuyo favor fuesen comprados, sin la confesión, el arrepentimiento, la pena o la absolución por un sacerdote.

Juan Tetzel decía a la gente: “Tan pronto como su moneda suene en el cofre, el alma de sus amigos ascenderá del purgatorio al cielo.” Ante esta situación Martín Lutero empezó a predicar en contra de Juan Tetzel y su venta de indulgencias, denunciando abiertamente su enseñanza.

En la mañana del 31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Castillo en Wittenberg (Alemania) un pergamino que contenía las noventa y cinco tesis o declaraciones, casi todas relacionadas con la venta de indulgencias, pero en su aplicación atacaba la autoridad del Papa y del sacerdocio. Los gobernantes de la Iglesia Católica Romana en vano procuraban restringir y lisonjear a Martín Lutero; él permaneció firme y la tempestad sólo le hizo más resuelto en su oposición a las doctrinas y prácticas no apoyadas por la Biblia, que enseñaba el Catolicismo Romano.

Después de muchas controversias y la publicación de folletos que hicieron conocidas las opiniones de Martín Lutero por toda Alemania, sus enseñanzas fueron formalmente condenadas y fue excomulgado por una bula del Papa León X en junio de 1520. Se le ordenó al elector Federico de Sajonia que entregase a Lutero para ser juzgado y castigado, pero en vez de esto, le dio amplia protección, pues él simpatizaba con sus ideas.Martín Lutero recibió la excomunión con desafío llamándola “la bula execrable del Anticristo”, y el día 10 de diciembre, la quemó públicamente a las puertas de Wittenberg, ante una asamblea de profesores de la universidad, de los estudiantes y el pueblo. Con la bula del Papa también quemó copias de los cánones o leyes establecidas por las autoridades romanas. Este acto constituyó la renuncia final de Martín Lutero a la Iglesia Católica Romana.

En 1521, Martín Lutero fue citado ante la Dieta o Concilio Supremo de los gobernantes ale-manes, reuniéndose en Worms. El nuevo emperador, Carlos V, le dio la promesa de un salvo conducto, y Martín Lutero fue a la asamblea, aunque amonestado por sus amigos de que podría encontrar la misma suerte de Juan Hus en circunstancias parecidas en el Concilio de Constanza, en 1415. Lutero dijo: “Iré a Worms, aunque me acechen tantos demonios como tejas hay en los techados.”

El 17 de abril de 1521, Martín Lutero estaba ante la Dieta, la cual presidía el emperador, y en respuesta a la pregunta que si se retractaría de las declaraciones de sus libros, después de considerarlo respondió que no podía retractarse de nada excepto de lo que fuera desaprobado por la Escritura o la razón, terminando con las palabras: “Aquí estoy; no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.” El emperador Carlos V fue instado para que prendiese a Martín Lutero, ofreciendo como razón de que la fe no podía ser guardada con los herejes, pero le permitió salir de Worms en paz.

Mientras Martín Lutero viajaba de regreso a su hogar, repentinamente fue arrestado por soldados del elector Federico y llevado para su seguridad al castillo de Wartzburgo en Turingia. Permaneció allí cerca de un año, disfrazado, mientras que tempestades de guerra y revuelta rugían en el imperio.Pero no estaba ocioso, porque durante este retiro hizo su traducción del Nuevo Testamento a la lengua alemana, obra que por sí sola le hubiera hecho inmortal, por que su versión es considerada como el fundamento del idioma alemán escrito. Esto fue en el 1521; el Antiguo Testamento no fue terminado sino hasta varios años más tarde. Al regresar de Wartzburgo a Wittenberg, Martín Lutero reasumió la dirección del movimiento en favor de una Iglesia Evangélica, libre de excesos extravagantes.

La Reforma Evangélica o Protestante del siglo XVI fue basada sobre cinco grandes conceptos bíblicos:

1. Sola gracia, que afirma que la salvación es sólo por la gracia de Dios. Nadie la merece.

2. Solo Cristo, que sostiene que la justificación se obtiene sólo por los méritos de la muerte de Cristo en la cruz.

3. Sola fe, que significa que solamente por medio de la fe en la persona y la obra redentora de Jesús podemos ser aceptos delante de Dios.

4. Sola Escritura, que concluye que la Palabra de Dios es la única autoridad para que el pecador encuentre el camino de la salvación.

5. Solo gloria a Dios, que declara que el creyente reconoce que sólo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo merece toda la honra y la gloria por su obra salvadora.

Estos conceptos básicos todavía nos sirven para llevar a cabo la obra de la Iglesia en la época en que nos toca vivir. Al recordar lo que pasó en el siglo XVI, damos gracias a Dios por haber renovado su Iglesia y por las personas como Juan Wycliffe, Juan Hus, Jerónimo Savonarola, Martín Lutero y otros, que estuvieron dispuestos a dar sus vidas para mantener la sencillez del Evangelio y a hacer un esfuerzo por purificar la Iglesia del Señor Jesucristo.

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