RADIO EVANGÉLICA BÍBLICA BBN (EEUU)



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9 de agosto de 2010

La diversidad como virtud en la sociedad postmoderna



Por: Pr. René X. Pereira*

Vivimos en un período de grandes cambios en los paradigmas de la sociedad actual. En estos tiempos se ha puesto en boga la creencia de que no existen verdades absolutas. Todo es relativo y depende de lo que cada individuo piense y estime como correcto. Especialmente en lo que respecta a la conducta de las personas, cualquier clase de juicio valorativo es considerado como una agresión a la dignidad del individuo o un acto de prepotencia porque nadie tiene el derecho de cuestionar ni juzgar las acciones de otras personas.

El llamado que se hace constantemente es a practicar la tolerancia. Todos los pecados han sido abolidos, excepto uno: el ser intolerantes. ¿Pero cómo se define la tolerancia? Hay una nueva definición. No es el respetar las opiniones distintas que pueda tener una persona, sino que se le da una nueva definición al término. Implica el aceptar y validar cualquier opinión y acción de otra persona.

Otra característica de esta cultura postmoderna es el uso del eufemismo. Esto es en palabras simples significa el darle nombres bonitos y menos desagradables a cosas que son moralmente objetables. Cambiarle el nombre a estas cosas le quita su aspecto negativo y se hace más aceptable socialmente.

De ahí que al aborto se le llame “derecho reproductivo de la mujer”, al adulterio y la fornicación se le llame “amor libre”, a los insultos y diatribas contra oficiales del orden público se le llame “libertad de expresión”, al igual que a las vulgaridades y obscenidades que se presentan en la radio y la televisión que ahora se llaman “arte”. Astutamente los medios masivos, muchos de ellos controlados por individuos que profesan estas ideas, bombardean a la sociedad con toda esta retórica relativista.

La llamada “diversidad” es otro elemento característico de la cultura postmoderna. Cualquier conducta o práctica que se aparta de lo que es moralmente correcto ahora se le llama “diversidad”. Una de las estaciones de televisión local de Puerto Rico tiene un anuncio donde afirman que respetan y celebran la diversidad y presentan varias familias y entre ellas, una donde hay dos mujeres. Y no se trata de la diversidad normal de los seres humanos como lo es su raza, nacionalidad o características físicas.

Se trata de una nueva diversidad basada en la conducta del individuo. O sea, nadie tiene el derecho de afirmar que una conducta es mala o inmoral porque estaría violando la nueva ley de la “diversidad”. Hay que aceptar cualquier tipo de conducta o preferencia sexual de una persona porque eso es respetar la diversidad. La virtud de hoy día es ser tolerante a todo; pero el que no muestra esa “virtud” y no acepta la llamada diversidad recibe el rechazo e irónicamente, la intolerancia de los que le rodean. Cualquiera pues, que defienda la existencia de una verdad absoluta se arriesga a ser considerado como un estrecho de mente, un anticuado, intolerante y un recalcitrante.

Lo absurdo de todo esto es que aquellos que proponen este nuevo sistema de “moralidad” no se dan cuenta de que el total relativismo es una falacia. Si todo es relativo, no puede haber nuevos paradigmas porque estos serían necesariamente relativos. No se dan cuenta o posiblemente no desean admitir que lo que están haciendo realmente es reemplazar un sistema de absolutos por otro sistema de absolutos totalmente distintos. La gran hipocresía de los que defienden este entuerto es que critican a los que según ellos pretenden imponer su moralidad al resto de la población y eso es precisamente lo que ellos mismos hacen de manera agresiva y arrogante.

Ante este escenario, los cristianos tenemos un enorme reto delante de nosotros. Le enseñamos a nuestros hijos que hay conductas que son buenas y otras que son malas. Creemos que hay unos valores y principios universales que no dependen de lo que una sociedad crea o piense. Estamos en medio de una crucial batalla entre dos cosmovisiones totalmente distintas y opuestas: la cosmovisión judeo-cristiana y la cosmovisión postmoderna, relativista y ecléctica.

En este tiempo, más que nunca no podemos callar. Necesitamos poner en alto la verdad de Dios aunque le duela y le moleste a muchas personas. Tenemos que hacerlo con respeto, pero con firmeza y determinación. En esta batalla de ideas, lamentablemente una sola voz parece escucharse más que la otra. La gente de fe y valores brillan por su ausencia en los foros donde se debaten estas ideas, porque muy pocos se atreven a retar las filosofías de la nueva tolerancia.

En los tiempos más difíciles que enfrentó el Cristianismo en los primeros tres siglos de su historia, se levantaron hombres valientes que enfrentaron las filosofías y argumentos falsos de la cultura helenística pagana; se llamaron los apologistas. Hoy necesitamos con urgencia hombres y mujeres apologistas que se atrevan a retar el sistema postmoderno y desenmascarar su falacia. Gente dispuesta a presentar defensa, con respeto y mansedumbre ante todo pensamiento que se levante contra la verdad de Dios.

La voz profética cristiana tiene que escucharse en los medios masivos, programas de opinión, en las universidades, en la legislatura y donde quiera que se sea necesario poner en alto la antorcha de la verdad. Si callamos ahora que tenemos plena libertad de hablar, en poco tiempo se aprobarán leyes de mordaza contra toda expresión religiosa o bíblica que denuncie el pecado de nuestra generación.

Hay una frase muy popular que dice, “el silencio otorga”. Significa que cuando callamos ante un argumento, estamos reconociendo que el mismo es verdadero y que no tenemos manera de cuestionarlo. Cuando el cristiano calla ante la mentira y el engaño, está indirectamente aceptando que lo que se está diciendo es verdadero. Por eso no podemos callar, ni intimidarnos en esta batalla moral y espiritual que tenemos delante. Necesitamos que los medios de comunicación cristianos se preocupen más por educar y formar al pueblo, que en el entretenimiento, pedir ofrendas, y la promoción de productos naturales.

¡Es tiempo de sonar la trompeta de la batalla de la fe ahora! Necesitamos que nuestros púlpitos eduquen y equipen a los creyentes en lugar de hablar tanto de dinero, de sicología barata y de fabulas de viejas que no aprovechan. ¡Es hora de unirnos como un ejército poderoso, unido y preparado, a fin de asumir nuestro papel en esta coyuntura histórica que nos ha tocado protagonizar!





* El pastor René X. Pereira pastorea la Iglesia Bíblica Emanuel en Puerto Rico, que está afiliada a la Convención Bautista del Sur. La Iglesia Bíblica Emanuel es una congregación cristiana fuertemente arraigada en las Escrituras, con base en las doctrinas de la gracia y la fe reformada bautista.

Sitio web de la Iglesia Bíblica Emanuel:

http://www.biblicaemanuel.com
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